LA TERCERA JUVENTUD
Quizás el titulo le haga reír, o tal vez piense que intento consolarte. Nada más alejado. Esta Nota va dirigida a los derrotados por el almanaque, aquellos que ven estáticos caer sus hojas, sin presentar batallas al desgaste del organismo.
Cuando se llega a los 40`s, el ser humano inicia una estrategia rejuvenecedora con los múltiples ardides del mercado del cosmético: cremas antiarrugas, tintes, maquillajes,vestuarios, pelucas, un sin fin de artificios más que “enmascaran” el deterioro propio de los años, pero no pueden frenar los factores elementales del proceso: perdida de fuerza, masa muscular y densidad osea, todo en contra posición con el aumento de la grasa corporal, la presión sanguínea, el colesterol malo y otros indicadores infalibles del envejecimiento.
Sin embargo, quienes siguen de cerca las características de ese proceso natural de la vida, saben cuanta fuerza y vigor rescatan los ejercicios físicos.
Y nada sorprende a esa mayoría, porque nuestros cuerpos están diseñados para la actividad; cuando esta falta, los huesos se debilitan y se pierde la lozanía fundamental.
¿Quien no ha escuchado el consejo médico de huir urgentemente de la cama? La recomendación se convierte en evidencia cunado observamos a las personas tras largas enfermedades o accidentes, obligadas a esa posición horizontal, inerte y que además genera otras complicaciones como pulmonías y coágulos sanguíneos.
Los gerentologos alertan que el ejercicio previne numerosos padecimientos y mejora la calidad de vida porque reduce la presión sanguínea, baja los niveles de colesterol, aumenta la proporción de músculos y fortalece el corazón. Incluso, se estudia la vinculación de la actividad física y ciertos tipos de cáncer.
Muchas veces la vejez está más en el pensamiento que en el cuerpo. Cuando vigilamos su presencia ante el espejo, en vez de buscar formas para “demorarla”, nos desanimamos y nos dejamos vencer.
Comienza entonces los aceptados achaques y dolores que se atribuyen al reumatismo o al artritis y que pretendemos atenuar con medicamentos. ¡Qué diferente sería si mantuviéramos una secuencia de de ejercicios destinados a aumentar la masa muscular, y por lo tanto, la flexibilidad! Esa, la de andar cansino, encorvado, arrastrando casi los pies…
Los escépticos, los vencidos más bien, no aceptan que la vejez física y mental puede revertirse con el movimiento del cuerpo, o bien por el ejercicio aprendido, caminatas de 30 minutos, mínimo, o el baile o la natación.
Si a esta decisión inteligente sumamos los beneficios de una dieta saludable y equilibrada, a esa que todos conocemos por lo mucho que se recomienda (vegetales, frutas, pescado, fibras y la eliminación de grasa animal y azúcar) podrán comprobarse los resultados.
El ejercicio sistemático obliga al organismo a retener los nutrientes con propiedades antioxidantes que ingerimos, y además, ayuda a renovar la capacidad mental pues mejora la memoria, el razonamiento e incrementa los reflejos.
Pero hay otro indice de suprema importancia en el cuerpo humano, beneficiado por el movimiento: la flexibilidad delas arterias.
En resumen, la actividad corporal contribuye al fortalecimiento del cuerpo y del pensamiento, debido a que contribuye, por una parte a oxigenar los músculos, evitar la osteoporosis y desintoxica, por el sudor, haciendo que el cerebro reciba mayor cantidad de sangre oxigenada y libre de toxinas del cuerpo, contribuyendo a generar pensamientos positivos gracias a las sustancias de la felicidad que el mismo cuerpo segrega cuando esta sano.